Clubes de lectura fácil en bibliotecas: cómo la literatura accesible transforma la inclusión social

Necesitar apoyo o accesibilidad para leer no es una barrera en las Biblioteques Inquietes. Muchas de ellas están creando clubes de lectura para acompañar a personas con necesidades especiales a disfrutar de la literatura mediante clubes de lectura fácil o de lectura para personas con Alzheimer, diversidad funcional o sufrimiento psíquico. Para estas personas, estos grupos lectores son mucho más que un espacio de estímulo cultural: suponen un espacio de socialización, emancipación, autonomía y regulación emocional y personal, al ser un encuentro periódico durante el cual establecen vínculos humanos estables.

Bibliotecas como las de Aldaia, Massanassa, Gandia o Llíria tienen en marcha proyectos que hacen accesible el disfrute de la lectura a una diversidad cada vez mayor de personas. En Catarroja, la biblioteca pública municipal y el CRAI-Biblioteca del centro Florida Secundaria están colaborando en un proyecto de lectura fácil para personas recién llegadas que está optando a un premio estatal.

“En el curso 2022-2023 empezamos un proyecto de castellano para alumnado recién llegado de secundaria en nuestra escuela. Uno de los profesores de castellano, junto con la biblioteca del centro y la profesora de audición y lenguaje, estábamos coordinados para ayudarles con clases de refuerzo para mejorar la comprensión lectora y desenvolverse en su día a día. Los primeros alumnos que tuvimos eran de Marruecos y de China y nuestro objetivo era que pudieran comprender y socializar”, explica Arantxa Meseguer, responsable de la biblioteca y miembro de la Asociación de Lectura Fácil de la Comunidad Valenciana.

“En el curso 2023-2024, además, propuse hacer una actividad extra. Establecimos contacto con la Residencia de la Tercera Edad San José de Sueca, con la que iniciamos un proyecto de correspondencia postal. Nuestro alumnado recién llegado y los usuarios de la residencia se enviaban cartas para contarse cosas. Al final del curso, la residencia organizaba un día de juegos y fuimos con el alumnado allí para hacer un encuentro, pasar la mañana con las personas mayores y conocerse en persona”, narra Meseguer.

Además de aprender el idioma, con el proyecto de correspondencia intergeneracional se generaba un impacto social positivo: conectaban a personas jubiladas con alumnado de primero de ESO, de doce o trece años, y también con alumnado de cuarto de ESO, de quince o dieciséis.

“Sabemos que el nivel literario de nuestro alumnado recién llegado era básico, pero nuestro objetivo era incentivar tanto la comprensión lectora, cuando recibían las cartas, como la expresión escrita para enviarlas. Para las personas mayores, era una manera de ejercitar las capacidades cognitivas, de estimular la memoria y los recuerdos y de tener contacto con gente de fuera. El proyecto les generó una motivación y se preguntaban: a ver, ¿cómo serán estas personas? Generarles esa expectativa tuvo un resultado genial”, argumenta.

En el curso 2024-2025 trataron de repetir la iniciativa, pero la emergencia después de la DANA lo dejó todo en pausa mientras se reconstruía la ciudad a su alrededor. En el curso 2025-2026, mientras continuaban con las clases de refuerzo, Meseguer conoció a Ángeles Gaudioso, que en aquel momento acababa de incorporarse como responsable de la biblioteca de Catarroja. Ella también quería hacer proyectos, así que se les ocurrió uno.

“La idea inicial era juntar en un club de lectura fácil a personas de la escuela de adultos, donde hay mucha población extranjera, con alumnado recién llegado de primero de ESO y cuarto de ESO. Este encuentro intergeneracional era valioso para socializar entre iguales: estar todos juntos, viendo que están aprendiendo la lengua y comprobando que da igual la edad que tengas, siempre vas a encontrar a alguien que está en las mismas condiciones que tú. La idea siempre fue sacar al alumnado de la escuela para que conociera otros lugares del barrio que también fueran seguros. Así que lo hicimos en la Biblioteca Municipal de Catarroja”, detalla.

“La lectura fácil es una adaptación para hacer accesible la letra impresa ante dificultades con la lengua, dificultades de visión, cognitivas o por cuestiones de salud mental después de situaciones de shock o estrés. En el caso de Catarroja, totalmente afectada por la DANA, este tipo de lectura es muy útil. Hay, por ejemplo, personas que tenían el Alzheimer latente y se les ha despertado o agravado por la situación de la catástrofe”, describe Gaudioso.

Como la lectura fácil está regulada por una norma UNE y suele resultar difícil encontrar libros adaptados, para desarrollar estos clubes se reunían una vez al mes y utilizaban libros y materiales adaptados según el método de redacción de lectura fácil, que pueden encontrarse incluso de forma abierta y gratuita en Internet.

“Tuvimos un primer encuentro entre dos chicas adultas de Marruecos y mis cinco chicas chinas y empezamos a leer unos capítulos del Lazarillo de Tormes, pero en lectura fácil. Reflexionamos sobre por qué lo leíamos, les explicábamos que era literatura clásica en español, que los adolescentes la leen en la escuela… y preguntábamos cuáles son los clásicos en China o en Marruecos”, recuerda.

“Después, en el centro escolar, leíamos, buscábamos las palabras que no conocían y las metían en una caja. Al terminar de leer todo el libro, sacaban una palabra al azar de la caja y tenían que decir su significado para verificar si la habían comprendido. Además, hacían un resumen para que en el siguiente encuentro pudieran explicar al resto qué habían estado leyendo durante el último mes”, explica.

Este club de lectura supuso un cambio personal en las participantes.

“Cuando llegaron a inicio de curso eran alumnos súper introvertidos y solo hablaban entre ellos. Una simple carta de autorización para ir a una excursión era una barrera. Pero, a medida que avanzaba el club, lanzabas preguntas y ya se ofrecían a contestar. Aprender castellano en el club de lectura les hizo ganar seguridad en sí mismos, confianza, socializar con otros grupos de la escuela y abrir este campo de amistades dentro del centro”, detalla Meseguer.

“Pero incluso había algún alumno con una relativa discapacidad que fuimos capaces de identificar cuando empezó a hablar en castellano, porque sin el lenguaje no se podía diagnosticar”, añade.

Ángeles Gaudioso, responsable de la biblioteca de Catarroja y también miembro de la Asociación de Lectura Fácil de la Comunidad Valenciana, también es testigo de estos cambios. Y no solo en este proyecto, sino en otros dos clubes de lectura que mantiene con el Centro Ocupacional 9 d’Octubre de Catarroja y con la asociación AFAC de personas con Alzheimer.

“Estos proyectos destinados a personas con diversidad cognitiva necesitan dedicación. Primero hay que hacer un acercamiento a la biblioteca, que vengan y la visiten. Hacemos una primera sesión de contacto con la lectura de prensa y van adquiriendo y ejercitando la dinámica del club de lectura. Necesitan entender que en una biblioteca no puedes hablar a gritos, que aunque sea muy divertido no puedes ponerte a gritar y aplaudir, que si da mucho miedo no puedes gritar, este tipo de cosas. Con mucha tranquilidad se va trabajando.

Las personas participantes siempre van acompañadas de su educador o psicólogo, un profesional de referencia”, detalla Gaudioso.

“La diferencia con un club de lectura convencional es que las personas no leen el libro por su cuenta y después lo comentan, sino que el libro se lee en común, en voz alta, por turnos, en el momento de la sesión, y se va comentando sobre la marcha. El momento en que se está leyendo es importante: escucho mi voz y me siento escuchada, porque los demás tienen que escucharme. Cuando hay dificultades de comprensión se comenta en el momento, desde la conversación.

Por ejemplo: ‘Esto me ha recordado a mi padre, que trabajaba en el campo, ¿y vosotros cómo lo veis?’. ‘Ah, pues yo sí, recuerdo a mi abuelo’. Entonces, las personas siempre tienen algo que aportar, todos tienen experiencia vital, independientemente de tener o no dificultades con la letra impresa”, desarrolla.

“De esta manera, nos vamos asegurando de que comprendemos lo que estamos leyendo y nos sumergimos en la historia. Además, despertamos también este gusto por la lectura, porque compartir un proceso que me cuesta tanto esfuerzo se hace mucho más cómodo, más fácil y más divertido, de manera que me motiva a hacer el esfuerzo de leer”, precisa.

La paciencia y la constancia generan impactos sociales valiosos.

“En el grupo del centro ocupacional hubo un chico que el primer día que vino dijo que no leería porque no sabía leer. ¡Bueno, no pasa nada! Puede haber personas que no lean porque no tienen esa capacidad de momento o quizá porque no la tendrán nunca… pero eso no es un impedimento. Participan escuchando y comentando su experiencia personal, que también la tienen.

Cuando llegó el turno de este chico, aun así, quiso lanzarse a leer tres o cuatro palabras. Y las leyó con muchísima dificultad. ¡La educadora que le acompañaba dijo que no sabía ni que leía! La semana siguiente vino y leyó un párrafo, porque había estado entrenando toda la semana. Le pidió a la educadora que le enseñara y que quería leer. Y en las siguientes sesiones a las que vino ya participaba leyendo tanto como los demás. Y él mismo decía: ‘Es que, mira, yo ahora ya también leo’”, recuerda con satisfacción Ángeles Gaudioso.

“En estas sesiones no hay presión por tener que leer todo un libro. Trabajamos con textos cortos, por ejemplo poesía que a veces tiene en la otra página una foto que es bastante descriptiva. Entonces, leemos un par de poesías en toda la sesión porque en realidad lo interesante aquí es disfrutar de la lectura aunque solo se lea una página. Después, ¡hay que recordar lo que hemos leído!”, añade.

Para las personas con diversidad cognitiva o funcional, asistir a un club de lectura supone más retos de los que parece.

“Las personas participantes sí quieren volver y quieren repetir. Pero muchas veces la dificultad está en el traslado, en venir a la biblioteca, porque hay personas con dificultades de movilidad. Todas estas cosas son condicionantes que a veces hacen que tengamos que espaciar las sesiones a una vez al mes, aunque lo recomendable sería cada quince días”, describe Gaudioso.

Para las bibliotecas, embarcarse en un proyecto de acompañamiento a la lectura fácil también requiere formación.

“Un club de lectura convencional puede ser acompañado y dinamizado por cualquier profesional sin una especialización. Pero un club de lectura fácil sí necesita que el personal se haya formado mínimamente en este método, tener también un mínimo de formación sobre qué son las discapacidades cognitivas, las físicas, etc. Y, por supuesto, tener sensibilidad para ver en las personas el valor que tienen independientemente de su capacidad”.

Gaudioso concluye que no hace falta una formación reglada, sino que uno mismo puede formarse.

“El Colegio Oficial de Bibliotecarios y Documentalistas de la Comunitat Valenciana y la Asociación de Lectura Fácil de la Comunidad Valenciana, donde estamos Arantxa y yo, también ofrecemos formación en lectura fácil y lectura accesible. Así que animamos a todo el mundo a empezar”.